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Visita de la Virgen de Fátima

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El viernes pasado, la U48 tuvo la oportunidad de recibir la Virgen de Fátima. Fue un día que dejó sin palabras a muchas personas. Uno de los fundadores, Damián Donnelly, expresó el momento único que vivieron los diferentes pabellones:

“La Virgen de Fátima visitó el penal el viernes 1 de noviembre. Llegó en un momento “malo”. Esa semana, dentro del penal habían ocurrido hechos de violencia muy serios en un enfrentamiento entre dos pabellones, con intervención del Servicio Penitenciario, quienes establecieron la orden. Como consecuencia de ello, el pabellón 10 no se podía visitar. Así son las reglas. La Virgen visitó todos los  pabellones. Cada uno la recibió de distinta manera, acorde al carisma y a la espontaneidad de cada momento. En cada pabellón se rezaba “por los muchachos engomados (castigados y encerrados dentro de la celda por varios días) del pabellón 10”.   

Así las cosas, la Virgen visitó el pabellón 7, recibida con aplausos, cantos, enorme admiración y respeto. Cada uno pudo acercarse, tocar, mirar a los ojos y rezar interiormente. Después, en conjunto se rezó una decena y pasamos al pabellón 8. Más cantos, más devoción, más admiración por esa Fe que despierta la presencia de una imagen tan linda. Rezamos otra decena. Fue el turno del pabellón 9, y si bien cada uno es distinto, la Virgen hace nuevas todas las cosas. 

Cuando salimos del 9, pasamos por la puerta del 10, cerrado. Pero se escuchaba a los muchachos “engomados”, que rezaban el rosario desde sus celdas. Luego fuimos al 11, rezamos una decena, tuvimos un buen rato ahí. Tocó el turno de ir al 12, que siempre recibe con enorme efusividad, música, aplausos. Una fiesta de la Virgen. Pero estaba incompleta por los muchachos del 10.  

Después de pedir por favor el ingreso de la Virgen, el Servicio Penitenciario accedió a abrirnos las puertas a unos pocos. La Virgen había actuado. Fue impresionante. Cada celda (para 2 personas) ocupada por cuatro o cinco, y cerrada con candado. Solo podíamos circular por el pasillo que tiene a las celdas pares de un lado y a las impares del otro. La Virgen se paseo por ese pasillo, y se detuvo en cada puerta para que los muchachos tuvieran un tiempo con ella para tocarla, pedirle y rezarle. De las mirillas y de la ventilación de la puerta solo podían salir manos o brazos que tocaban la Virgen con gran respeto, afecto y cariño. Era una escena del Dante. Las almas del purgatorio pidiendo aunque sea tocar la Virgen. Esos brazos tatuados que salían buscaban consuelo, libertad y amor. Y lo encontraban por ese instante. Rezamos los cinco misterios del Rosario y la atmósfera en ese pabellón era algo que no he vivido antes. Había consuelo, alegría, paz y amor. Todos los frutos del Rosario caían abundantemente en ese pabellón. Las oraciones de los otros pabellones, la enorme gracia derramada desde el Santuario de Fátima, todo, se conjugaba en una atmósfera de cariño maternal.  

Ahí, donde más dolor hay, donde más violencia hay, donde más desesperación y abandono hay, ahí es donde más gracia se derrama. Y nosotros fuimos testigos de eso. Nos quedamos todos mudos. ¿De cuántas formas más nos puede demostrar la Virgen que el Rosario es LA oración de PAZ?  Nosotros lo hemos evidenciado infinidad de veces. Pero nunca como esta. Nunca.  

Nuevamente, la Virgen había “transformado una cueva de animales en una casa de Jesús, con una montaña de ternura y unos pocos trapos”, como dijo alguna vez Francisco. Nosotros, agradecidos de haber podido disfrutar de ese momento en primera fila.”

#FundaciónEspartanos

 

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