All posts tagged: Fundación Espartanos

Orgullo Espartano: fuerte respaldo mundial para una loable misión inclusiva

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En 2009, Eduardo Oderigo, hombre de San Isidro Club, fundó un movimiento para darles, mediante su deporte, distintas herramientas a los reclusos con miras a su reinserción social; World Rugby premiará el emprendimiento, que se expande por otros países

Para algunos, cambiar el mundo es una utopía que murió con la adolescencia. Para Eduardo Oderigo , Coco, es un trabajo de todos los días. Concreto, palpable. Con su esfuerzo y el de cientos de voluntarios que colaboran con la Fundación Espartanos, ayuda a que la cárcel no se transforme en un círculo vicioso para los que caen en ella. Un nuevo hito en su vida se producirá el 26 de noviembre, cuando reciba el Award for Character en la gala anual de World Rugby, como reconocimiento a su emprendimiento social.

“Cuando sos chico soñás con cambiar el mundo. Arrancás dando un paso. Esto es unir puentes”, cuenta con orgullo Oderigo para la nacion. Y añade: “No puedo llegar a todo el mundo, pero puedo hacer que se utilice una herramienta, el rugby, y transformarla en una función que ayude a devolver la esperanza a personas que pensaban que habían perdido todo. Esperemos que este reconocimiento ayude aun más a alertar a los dirigentes de que estas herramientas son necesarias para lograr un cambio. Hay que ver si el gobierno está a la altura en el tema seguridad, que no se trata sólo de tener más patrulleros, más cámaras o más agentes”.

En 2009, Oderigo fundó Espartanos , un equipo de rugby constituido por reclusos de la Unidad 48 del Servicio Penitenciario de Buenos Aires, en José León Suárez, partido de San Martín. O mejor: un programa que les permite a los presidiarios encontrar una salida mediante el rugby. El éxito fue inmediato. La reincidencia de los jugadores de Espartanos ronda “el 4 y el 5%, cuando la media es de 60%”. Por medio de la fundación, la idea se propagó a 34 penales de 11 provincias argentinas y ya plantó su semilla en Uruguay, ve avances en Chile y en Brasil, y ya puso un pie en Europa, en Milán.

Este reconocimiento de World Rugby le da a Oderigo y su Fundación Espartanos la posibilidad de seguir expandiendo sus fronteras. “Es un lindo mimo. Lo importante es que esto va a darle visibilidad a la Fundación Espartanos, pero necesariamente a las personas que están detenidas”, explica. “Esa visibilidad va a repercutir en muchas más personas que quieran dar una mano. Si es por el rugby, que es una buena herramienta, o por otro canal, no importa. Hace falta más gente para llegar a más personas abatidas; que las traten como a personas por más que hayan hecho algo mal”, agrega.

Se trata, también, de un nuevo hito en esta ecuménica misión que en menos de ocho años logró, primero, reunir a 40 presos en un mismo pabellón para jugar al rugby (“se potenciaban en lo bueno”, dice Oderigo); luego, jugar partidos contra la Policía Metropolitana y contra jueces y fiscales (“eso fue derribar un muro”); en 2015, viajar al Vaticano para visitar al papa Francisco con 10 espartanos libres; recientemente, inaugurar la primera cancha de rugby de césped sintético en una cárcel en el mundo, atrayendo el interés de los propios reclusos por el rugby y de la comunidad por sumarse al proyecto. “El logro más grande es la cantidad de voluntarios. En la Unidad 48 somos unos 150”, afirma Oderigo.

En uno de esos partidos participó Agustín Pichot, hoy vicepresidente de World Rugby. “Él va a decir que lo único que hizo fue postular a Espartanos, pero yo estoy seguro de que el premio viene por ahí, por lo cual le estoy enormemente agradecido. Está muy comprometido, le ha dado trabajo a algún espartano y quiero agradecérselo”, señala el hombre de San Isidro Club.

“Las personas que están en la cárcel y cometen delitos están metidas en un submundo del que es muy difícil salir”, cuenta Oderigo, que sin embargo, menciona la esperanza: “Pero cuando llega alguien que quiere hacerles un bien, transmitirles un deporte; alguien que les da confianza, que los mira a los ojos, que les dice que va a ir todos los martes y va todos los martes; que los hace pensar en otra cosa, en que no necesariamente tienen que terminar presos o muertos… Cuando sienten que alguien confió en ellos, lo hacen. salen de ese submundo. Por sus familias, pero también por nosotros, que fuimos a darles una mano cuando no tenían nada. Son muy agradecidos y siempre remarcan que no pueden defraudarnos a quienes intentamos ayudarlos”.

Abogado penalista, ex jugador, coach y dirigente del SIC, Oderigo juntó sus pasiones en pos de este proyecto que empezó como un sueño y hoy es una ayuda para la comunidad. ¿Por qué el rugby sirve más que otras actividades para canalizar la frustración? “Cualquier persona que se acerca con lo que sea -guitarra, catequesis, yoga- puede lograr un buen resultado. Si lo hace de corazón y está al servicio de otro, el resultado debe ser el mismo. Lo que pasa con el rugby es que se logra más rápido. Es algo nuevo, no conocen las reglas. Entonces, les enseñás el respeto al referí, que si te caés tenés que levantarte. Además, vienen con mucha carga de violencia desde chicos y acá se la permitimos, pero dentro de las reglas. Pueden canalizar la violencia de manera lícita: meter un tackle y mandar al otro tres metros atrás. Aprenden a ponerse límites, a saber dónde utilizar la violencia. Adquieren paciencia, respeto, sentido de pertenencia, valores que no son sólo palabras. Cuando salen dicen yo soy espartano, no reniego de mi pasado. Ahora soy esto. Muchos consiguieron trabajo así. Pasan sus entrevistas laborales diciendo la verdad, lo que fueron y lo que son a raíz de haber jugado en Espartanos”, detalla Oderigo.

Los World Rugby Awards 2017 se entregarán el 26 de noviembre en Mónaco. Allí se sabrá si Beauden Barrett retendrá el título al jugador del año, si Warren Gatland recibirá al fin su postergado reconocimiento como coach del año y un virtual desempate entre All Blacks y British & Irish Lions como mejor equipo. Entre ellos estará Coco Oderigo, consiguiendo otro éxito para Espartanos.

Fuente: La Nación

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Ampliando territorios

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Ayer, viernes 8 de septiembre, le tocó al complejo penitenciario de #Olmos, ubicado en La Plata. Es uno de los más grandes del país, viven 2.700 personas privadas de su libertad.
Había muchos muchachos con ganas de entrenar, se acercaron a participar, nuevamente de diversos pabellones, ¡algo que no es habitual! 

Se divirtieron mucho y preguntaron muy ansiosos cuando íbamos a volver, por suerte quedó un grupo consolidado de voluntarios del Club San Luis, de La Plata Rugby y de U de la Plata, sumado al gran apoyo del Jefe de Penal, el servicio y a los profesores que trabajan dentro; va a ser un gran equipo, sin dudas.
Todo comenzó hace muy poquito, cuando Coco y Julián Weich dieron una charla en el Club San Luis para captar los voluntarios y no sólo se logró eso, sino que muchas manos ayudaron y hoy están cerca de terminar una cancha dentro del complejo exclusiva para jugar al rugby.
El 22/9 se va a inaugurar con equipos de jóvenes adultos (hasta 21 años). En Olmos ya jugaban los jóvenes y a partir de ayer empezaron a jugar los más grandes.
¡Digamos SÍ a las segundas oportunidades!
#LosEspartanos
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El primer partido de “Libertad”

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Un grupo de jugadores del club Pucará (Mamon Rodriguez Bovio, Lipa Urriza, Santi Kelly, Roger Orellano, Paul Romano y Mariano Camera) hace meses están entrenando a más de 30 internos del Módulo 4 del Complejo Penitenciario Federal 1 de Ezeiza. El equipo se llama “Libertad” y el viernes tuvo su primer partido dentro del penal. Jugaron con Pucará, que conformó una selección con varios de sus titulares.
El resultado fue una anécdota, pero hubo muy lindos trys de los dos lados ¡y hasta hubo tiempo para jugar un rato todos mezclados! 
Los internos estaban felices y al terminar compartieron una ronda con “El Enano” Santi Ojeda (Espartano en libertad invitado). Él les dijo unas palabras de lo que había significado el rugby en su vida y les dio ánimo para que cambien su forma de pensar. También les hizo entrega de la Virgen del Rugby: “Récenle mucho”, les aconsejó. Todo terminó con un tercer tiempo muy integrador. Cuando se fueron, hubo un abrazo de despedida de uno de los internos a un voluntario que resumió la tarde: “Gracias por sacarnos un rato a la calle”.
Agradecemos al servicio penitenciario por la cordialidad, buena predisposición y acompañamiento para que esto sea posible.
¡Digamos SÍ a las segundas oportunidades!
#LosEspartanos 
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Inauguración del Coliseo Bernardo Miguens

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El sábado 1º de julio fue un día histórico para la Fundación Espartanos. Inauguramos la primer cancha de pasto sintético dentro de una unidad penitenciaria en Argentina.
Gracias a Dios, hay muchos gracias para repartir y acá vamos:

Gracias a cada uno de Los Espartanos que decidieron cambiar su vida y no permanecen caídos, porque sin su SÍ no habría Fundación.
Gracias al Servicio Penitenciario que trabajó incontables sábados, porque sin su SÍ no habría Espartanos que puedan salir a jugar un partido.
Gracias a todos los voluntarios que empujan con una fuerza inimaginable todo esto, sin su SÍ no existiría prácticamente nada…
Gracias al apoyo económico de donantes privados, la Fundación Banco Provincia, equipos de trabajo del CEAMSE, el Ministerio de Educación y Deportes de la Nación y el Ministerio de Provincia de la Nación para poder realizar este sueño. Gracias al Negro Mendizabal, Tomy Dartiguelongue, Recalde y CIA por ejecutar semejante obra.
Gracias a Santiago Otamendi, Gustavo Ferrari y Carlos Mac Allister por sus palabras en el acto inaugural de hoy.
Gracias a todos los jugadores de distintos clubes de la URBA que ese acercaron a jugar.
Gracias a toda la familia Miguens por estar presente para honrar la huella imborrable que dejó “Bernie”.
Gracias a la Orquesta del Servicio Penitenciario que nos hizo emocionar a todos cuando tocaron el Himno Nacional Argentino.
Gracias a Cook Master que nos preparó las empanadas y los choripanes, ¡estaba todo muy rico!
Gracias a Gabriela Michetti por quedarse más de cuatro horas a un costado de la cancha disfrutando como si estuviera en el jardín de su casa.
Gracias a Federico Cerruti, Nicolas Roa Santofimio y Francisco Michel por hacer este increíble video resumen en pocas horas.

Gracias a cada uno de ustedes por decir, con orgullo, SÍ A LAS SEGUNDAS OPORTUNIDADES.
Esto recién empieza.
#LosEspartanos

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Partido con Virreyes y día del Espartano

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¡HAY PARTIDO!

Vení a disfrutar un día único en familia, te esperamos para festejar el #DíaDelEspartano y disfrutar del partido con Virreyes Rugby Club.
¡No te lo pierdas!

¿Cuándo?
Este sábado 1º de abril a las 13:30 hs.

¿Dónde?
En Virreyes Rugby Club (Hipolito Irigoyen 6702, Virreyes, San Fernando, 1646 Buenos Aires).

¡Te esperamos!

#LosEspartanos 

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En los 20 años de Unione Rugby Capitolina

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En el 2015, cuando Los Espartanos visitaron Italia para conocer al Papa Francisco, jugaron un partido de rugby frente a los veteranos de Unione Rugby Capitolina, uno de los clubes más populares de Roma.

En la publicación del libro de los 20 años de la historia del Club, le dedicaron varias hojas a aquel partido.

Los Espartanos quedaron plasmados en la historia del club Italiano:


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Los Espartanos en medios franceses

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La revista “Tampon!” de Francia publicó una nota sobre Los Espartanos: “Rugby entre las rejas”

Texto: Ricardo Mestre

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Eduardo “Coco” Oderigo se pasó más de diez años metiendo en la cárcel a secuestradores, ladrones y gente de mal vivir. Hasta que un día de 2009, y por insistencia de una amigo, decidió darse una vuelta por el penal de San Martín, a las afueras de Buenos Aires, para comprobar cómo vivían todos esos maleantes que infringían la ley. Al abogado Oderigo no se le iban de la cabeza las imágenes de los internos en el penal. Aficionado tardío al rugby, pensó entonces que ese deporte lleno de valores podía ser la excusa perfecta para atraer a los presos hacia una actividad que influyera en una rehabilitación adecuada. Así nacieron Los Espartanos, el equipo de rugby del penal de San Martín que ya se ha batido en el campo contra policías y fiscales y cuyas hazañas han llegado incluso a las puertas del Vaticano.

Pero Los Espartanos (bautizados así por un amigo de Oderigo amante de la película “Los 300”), es más que un club. Mucho más. Es toda una filosofía de vida. El particular club de este abogado porteño de 45 años tiene por sede el penal de máxima seguridad de San Martín, enclavado en las afueras de Buenos Aires junto a un basurero gigantesco que escupe hollín las 24 horas del día. Ahí -en el pabellón 8 de la cárcel- se encuentra el banquillo del equipo, 39 hombres condenados por diversos delitos a los que ahora les une un mismo propósito: la rehabilitación a través del rugby y el empeño en rehacer unas vidas desahuciadas desde la adolescencia. Más de 300 ex presos han pasado ya por la “terapia” de Los Espartanos: entrenamientos diarios en el patio de la prisión, un rezo del rosario colectivo todos los viernes y una constante disciplina para cambiar la mente “al cien por cien” asumiendo valores como el compañerismo, la humildad y el respeto por el otro. El rugby como redentor de almas perdidas.

Los bravos espartanos ya se han batido en la cancha muchas veces. Hace dos años jugaron en el Estadio Único de La Plata contra un grupo de jueces y fiscales. Los mismos jueces y fiscales que les meten entre rejas. Y en otro memorable encuentro se enfrentaron a un combinado de la policía metropolitana. Ladrones y agentes del orden dándose empujones para disputarse una pelota ovalada. En la cancha, todos iguales. Los muchachos de Oderigo son disciplinados. Y saben que si no se equivocan, enderezarán sus vidas. El escaso nivel de reincidencia de los ex presos “espartanos” (no llega al 5%) sorprende si se compara con el promedio oficial que registra la conflictiva provincia de Buenos Aires (por encima del 50%). La apuesta de Oderigo es tan seductora que ya hay réplicas en 18 cárceles argentinas.

“Le propuse al director del penal de San Martín entrenar a un grupo de presos y accedió”, cuenta Oderigo en uno de los patios de la prisión donde los Espartanos están a punto de comenzar el rezo del rosario, una práctica que realizan todos los viernes del año. A los presos les gustó la idea de descargar su energía en un juego agresivo pero con reglas que cumplir, les gustaba taclear al adversario pero sin que eso supusiera tener que liarse a puñetazos como en las calles del barrio. “Al principio -cuenta Oderigo- teníamos presos de distintos pabellones y no fue muy fácil armar el equipo”.

Después todo se centralizó en el pabellón 8. Allí sueñan hoy 39 espartanos con rehacer su vida cuando cumplan su condena. Junto a varios carteles de Jesucristo, no faltan en el pabellón las fotos de sus encuentros más laureados, como el que jugaron contra el grupo de fiscales o el que les enfrentó a sus enemigos naturales: el cuerpo de la policía metropolitana.

El patio del pabellón 8 se ha convertido desde hace cuatro años en una suerte de lugar sagrado cada viernes del año, cuando los Espartanos atienden el rezo del rosario. Para Oderigo se trata de una actividad complementaria al rugby: “Le dio un plus importantísimo al proyecto; empezó a venir mucha más gente”. En ese encuentro espiritual participan los presos y un puñado de amigos y conocidos de Oderigo, jóvenes y mayores pertenecientes a la clase alta argentina. Es una mezcla curiosa. Empresarios entrados en los 40 y sus hijos adolescentes pertenecientes a la alta sociedad porteña se hermanan con aquellos que provienen del estrato social más bajo del sistema. Los Audis y las camionetas de alta cilindrada aguardan afuera, pero en el interior todos son iguales durante unas horas.

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“Para mí venir a la cárcel es como una adicción. Necesito venir, se te va todo el estrés que tienes adentro; yo vengo acá a buscar la paz en la cárcel. Yo pongo mi granito de arena pero también recibo mucho, es una ganancia espiritual la nuestra”, explica Jorge “El Negro” Mendizábal, empresario exitoso de una franquicia de comida rápida, entrenador ocasional de rugby y colaborador de Oderigo en un proyecto que, si se observara sólo en términos estrictamente económicos (algo que no es el objetivo de sus fundador ni mucho menos), sería beneficioso para el Estado. “Con el proyecto de siete años de Los Espartanos, ahora hay 300 tipos que ya no destruyen familias. Eso supone unos 40 millones de ahorro al año para el Estado”, según sus cuentas.

Pero la escasa reincidencia de los ex espartanos se mide en otros términos, mucho más provechosos para la sociedad. Casi todos los presos del pabellón 8 tienen un trabajo asegurado cuando salen de prisión gracias a Mendizábal y otros empresarios, y a la labor de un equipo de técnicos que se encarga de buscar empleo para los excarcelados. Más de 300 ex presidiarios han conseguido ya rehacer sus vidas.

Poco a poco, equipo de rugby de Oderigo ha ido cobrando fama. The New York Times retrató hace unos años a los guerreros espartanos, cuya leyenda llegó a oídos del Vaticano. El papa Francisco recibió el año pasado a una delegación de jugadores, coordinadores y funcionarios de la cárcel y les animó a continuar con el proyecto. “Nos dijo que esto recién empezaba y que tratáramos de continuar y replicar el proyecto en más lugares de Argentina”, cuenta Oderigo. Y ahí siguen. En el penal de San Martín, donde arrancó el proyecto, cada martes y viernes se juntan dos mundos. Rezan, charlan, bromean, juegan al rugby…

Gabriel Márquez es el capitán de los Espartanos. Acaba de cumplir 23 años y le quedan todavía seis años para salir de prisión. La juventud perdida por unos pesos. Sabe que su condena de diez años es un regalo divino para los cargos que le imputaron: robo calificado, portación de armas, intento de homicidio… No ha salido mal parado después de todo. Más que arrepentido parece enojado consigo mismo. Enojado con la vida que le tocó vivir, con su infancia en una familia de pobres entre los pobres, con los errores cometidos.

Embarrado después de un duro entrenamiento, Márquez mira a los ojos a los jóvenes voluntarios de la exclusiva zona de San Isidro (en la privilegiada zona norte de Buenos Aires) y vuelve al juego. No hay resentimiento en su mirada. Tampoco trasluce desconfianza Tomás Pistone, un chaval de 17 años, hijo de un ex rugbier, que estudia en el exclusivo colegio Newman de San Isidro (“Está bueno que se haga esta actividad porque así ellos descargan la bronca”). Todos iguales en la cancha.

Pese a su juventud, a Márquez lo eligieron capitán sus compañeros por encarnar -asegura- esos “valores que hay en el rugby”. Al joven delincuente, el deporte le ha abierto las puertas para poder ver más a menudo a su compañera y a su hija Ámbar, de un año. Ahora espera que la vida le dé una segunda oportunidad. En su localidad bonaerense natal, San Miguel, la delincuencia es moneda corriente. Perdidos los mejores años de su juventud, tendrá todavía mucha vida por delante. Y un pasado para olvidar: la pobreza y la marginalidad como compañeras habituales de una infancia vivida junto a once hermanos. “Si nacés entre un grupo de delincuentes -cuenta-, lo que vas a hacer es delinquir. Mis padres eran pobres cuando se conocieron; mi papá andaba en la delincuencia, pero mi mamá era evangelista y le cambió la vida a mi papá. Se separaron cuando yo tenía nueve años y yo me quedé a vivir con mi papá. Salía a trabajar de ambulante, yo casi no lo veía. Dos de mis hermanos estuvieron presos. Yo era un pibe problemático, tomaba cocaína, fumaba marihuana…”.

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Junto al capitán Márquez otro de los habituales en Los Espartanos es Alejandro Sandalie, 35 años, un wing (ala) rápido al que le cayeron 14 años y medio por robo. Cuando corre por la cancha como una gacela piensa en su hija Priscila, de tres años. Bueno, en ella y en sus otros cuatro hijos que tuvo con cuatro mujeres distintas. Cayó preso en 2003 por robar en una fábrica de donde pretendía llevarse, revólver en mano, unos 40.000 pesos, buena plata en aquella época. Pero el negocio salió mal. Apareció la policía y Alejandro se llevó de premio un balazo en el pie: “Fue una condena justa; en realidad me tenían que haber dado 25 años. Saqué plata a gente que trabajaba conmigo y los amenacé con armas”.

No hay espartano que no quiera contar su historia. Relatos de infancias atravesadas por una pobreza secular. Desventuras de unos villanos que son al mismo tiempo víctimas de esa selva que es el conurbano bonaerense y que carcome las vidas de millones de personas. Como la de Jonathan Acevedo, 28 años, un tipo espigado y parlanchín que ha convertido la celda que comparte con Alejandro en el museo de los Espartanos. El joven delincuente ha recreado en un tabuco de dos por dos algo parecido a los museos de los grandes clubes: paredes empapeladas de banderines y cartelitos de rugby y fútbol, fotos, camisetas, medallitas, bandejas, trofeos… Y mientras muestra esa pinacoteca kitsch, relata su odisea, una historia en la que él no es el héroe precisamente. Jonathan tiene una condena de 13 años. Y ya lleva seis entre rejas. Su delito: homicidio con ocasión de robo. “Sí -se sincera-, disparé y maté a una persona”.

Compañerismo, respeto, ayuda mutua, disciplina… Son los “valores” que repiten como un disco rayado todos los Espartanos. ¿Hasta dónde se les puede creer y hasta dónde responde su actitud -una extrema amabilidad con el visitante que desentona con los vituperios que se escuchan desde las celdas de otros pabellones menos glamourosos- al desasosiego y a la falta de expectativas vitales de todo presidiario? Es difícil saberlo pero sea como sea, los Espartanos cumplen las reglas -por convicción o interés- a rajatabla. Todos han dejado las drogas que consumían antes de recalar en el pabellón 8. Todos tienen claro que o se cambia al cien por cien o no se cambia. Todos, o casi todos, tienen familia, hijos. Todos sueñan con un trabajo al salir de la prisión. Y algunos, como Ariel Jorge, ya saben cómo se va a llamar su negocio: “Comidas Los Espartanos”. Ariel es uno de los más veteranos. Tiene 43 años. Atracó un concesionario de autos. Cocinero de profesión, está a punto de salir de prisión y ya ha decidido homenajear al equipo con su local de comidas: “Voy a hacer ñoquis con tuco (salsa de tomate), muchas pizzas y muchos churros”.

Dicen que en el pabellón 8 de la prisión de máxima seguridad de San Martín no hay peleas. Dicen que no hay discusiones. Ni drogas. Dicen que los internos se turnan para echar la siesta y también para escuchar música. Dicen que cada quien escucha lo que quiere sin molestar a los demás. Algunos, como Ariel, escuchan música evangélica: Jesús Adrián Romero y Marcos Witt son sus ídolos. Y dicen que todos tienen claro cuáles son las condiciones de vivir en ese pequeño remanso de paz. Quien no pueda con ellas -aclara Ariel- tiene la puerta abierta: “Algunos se fueron porque no se lo bancaban y seguían con su vida. Se tuvieron que marchar. Esto es para cambiar tu vida al cien por cien. Si no, es mejor que te vayas”.

Matías Nuesch, 29 años, se lo bancó. Lleva un tiempo sin entrenar porque anda, como otros tres o cuatro espartanos, con la pierna quebrada. El rugby no es un deporte para cualquiera. Matías juega de segunda línea. Para los equipos contrarios no debe ser fácil taclear a un tipo como un armario que asaltó diez gasolineras sin ayuda de nadie: “Me taclearon dos jugadores de un equipo de Hurlingham. Me pusieron diez tornillos y unas placas de 17 centímetros. Me tuvieron que quitar un hueso de la cadera para ponerlo abajo. Y ahora tengo que esperar a que me operen otra vez”.

Nuesch lleva seis años en la cárcel y dos años y medio en Los Espartanos. Recorrió once cárceles. En el pabellón 8 de San Martín -asegura- asentó la cabeza: “Agarraba al que estaba fuera en la estación de servicio y lo metía adentro. Después reventaba la caja y me llevaba la plata”.

Un récord que le podía haber salido carísimo. Si le hubieran aplicado la ley al pie de la letra le habrían caído tres años por cada asalto. Treinta años. En el negocio de la justicia, Matías fue avispado. De 30 años posibles, el juez le endosó 14. Su abogado logró regatear y al final firmó por siete. En la calle le esperan tres hijos. A la mayor, de doce, hace seis años que no la ve. “Quiero devolver afuera un poco de lo que me dieron acá los Espartanos”, confiesa.

Cuando Oderigo, Mendizábal y el resto de entrenadores y colaboradores escuchan reflexiones como la de Matías, sienten que su proyecto tiene sentido. “Cuando fuimos a ver al Papa -recuerda Mendizábal-, les dijo a los ex Espartanos que si él hubiera estado en su situación social, él habría caído preso también. Y luego les animó a seguir adelante”.

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El proyecto de Oderigo, cuyo bajo perfil hizo que al principio no le comentara a casi nadie en qué andaba metido, desentonó en un primer momento en el ambiente social en el que se desenvuelve: “Las críticas de nuestros amigos existieron. La cárcel no es lugar para ustedes, nos decían. Pero nosotros nos logramos meter por el medio. Y ahora casi está de moda y van muchos jóvenes y mujeres”. La perseverancia de Oderigo superó los resentimientos iniciales y logró romper tabúes. “Generamos empatía de los dos lados. Y unimos dos mundos que parecían irreconciliables. Es la imagen de esa unión entre el que más tiene y el que menos tiene tomando un mate y respetándose”. Hay una anécdota que siempre le gusta contar a este abogado porteño. En cierta ocasión, uno de sus ocho hijos, menor de edad, fue a jugar al rugby un día con los Espartanos y la experiencia le cambió su manera de ver a los demás: “Un día estaba en un cumpleaños y alguien le gritó ‘villeros’ a un grupo de chicos. Mi hijo se lo recriminó al instante y les explicó a sus amigos que la pobreza no era sinónimo de maldad”. Para Oderigo, esa actitud de su hijo justifica ya por sí sola toda su dedicación al proyecto.

Un grupo de espartanos rodea al grandullón Mendizábal al término del entrenamiento en el patio del penal de San Martín. Lo taclean y lo llevan en andas hasta el charco más grande de la cancha. Un segundo después, Mendizábal es un muñeco de barro. Todo son risas. Es una forma de agradecimiento. Mendizábal está lleno de barro pero se le ve feliz. Los Espartanos han vuelto a completar un entrenamiento bajo sus órdenes. Están en forma. Y el sueño de Eduardo “Coco” Oderigo sigue vivo.

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¡Arranca un sueño!

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Después de varios meses de trabajo incansable por parte de varios voluntarios de la Fundación más el aval de la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal y la Vicepresidenta de nuestro país, Gabriela Michetti, comenzamos con el trabajo para la futura cancha de pasto sintético en la Unidad Nº 48 de San Martín.

La primer gran obra es desplazar el primer anillo de seguridad un metro y medio para que la cancha sea más grande que la actual. Ese trabajo se hizo durante estos últimos días.
¡Arranca un sueño!

Gracias a todos los que hicieron posible que comience esta gran obra.
Los mantendremos informados en las redes sociales sobre el avance de la cancha.

¡Necesitamos de sus oraciones para que se haga realidad! 🙏🏻🏉
#LosEspartanos 

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