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Fabián Vasques

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Fabián Vasques nació en el partido de La Matanza, ubicado en la provincia de Buenos Aires. Durante su infancia iba a la escuela por la mañana y cuando salía marchaba directo al trabajo; la fábrica de zapatos de su familia, que por cierto, era muy trabajadora. Su padre era el encargado del lugar pero, poco a poco, por cuestiones de salud, se fue apartando. Era alcohólico y tenía diabetes. La situación fue empeorando con el tiempo: la fábrica cerró, sus padres se separaron y él se queda viviendo con su papá, que ya estaba en silla de ruedas, para cuidarlo. Fabi en ese momento tenía 11 años y había dejado la escuela, estaba más tiempo en la calle, tenía mala junta y ya conocía la droga. Años más tarde, cuando su padre muere, el decide alejarse por completo de su familia y empieza a robar. Estaba enojado con la vida y creía que era su única alternativa, hasta que lo detuvieron y cayó preso. El tiempo hizo que Fabi recorriera muchos penales, que participara de muchas peleas y que ganara más experiencia en el mundo delictivo. En uno de sus tantos traslados, cuando entra a su nuevo pabellón, se acerca una persona y le pregunta cuál era el talle de sus zapatillas. Él ya sabía cómo era la vida en la cárcel y estaba dispuesto a pelear para que no se las roben. A los segundos de haber respondido, se acerca otro y le pregunta por el talle de su pantalón. Fabi estaba convencido que de ahí no iba a salir con vida. Llegando a su celda, se avecina el tercero con un par de botines y un short para entrenar: “Bienvenido a Espartanos Rugby Club” le dijo. Fabi no entendía mucho que es lo que estaba pasando. No es común que en la cárcel te ofrezcan algo y mucho menos a cambio de nada. Al día siguiente, un martes, lo despiertan para ir a entrenar rugby, un deporte extraño que ni siquiera sabía pronunciar. Esa mañana fue distinta para él. Vivió algo que nunca antes había vivido. Encontró un equipo en la cancha que luchaba por cambiar y no dudó ser parte del mismo. Fabi pudo terminar el secundario en la cárcel, capacitarse y cuando recuperó la libertad, trabajó en un lavadero de autos, en el Club San Fernando, en Eidico y fue el primer Espartano en entrar a Farmacity. Sus empleos le permitieron construir su propia casa (donde vive actualmente con su familia) y también ayudar económicamente a su madre, porque lo primero que hizo apenas salió del penal fue ir a visitarla y pedirle perdón por todo lo que había hecho. Fabi, con mucha humildad, pudo reunir una familia que estaba distanciada hacía más de una década y demostró, con la frente en alto, que las segundas oportunidades existen para quien las quiera aprovechar.

Fundación EspartanosFabián Vasques

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